Bullying o acoso escolar a discapacidatos

Discapacidad 20 Nov 2011 // Articulos Importantes

Bullying y discapacidad

En la actualidad, las escuelas integradoras enfrentan un gran desafío que podría complicar, obstaculizar e incluso detener la inclusión escolar de los alumnos con discapacidad. Como ya sabemos, bullying o acoso escolar, es aquel proceso en el cual un alumno está expuesto constantemente a acciones negativas como la intimidación, maltrato físico, psicológico o verbal por parte de uno o más compañeros.

Muchos centros educativos no tienen conocimiento sobre los casos de acoso escolar, especialmente en el alumnado con discapacidad, sin embargo es bien sabido que en esta franja estudiantil el acoso escolar trae consigo el abandono escolar, déficit en las habilidades sociales y en la atención, ansiedad, depresión, trauma psicológico y físico, y en los casos más graves y lamentables, el suicidio.Falta de comunicación en las familias, falta de empatía, relaciones interpersonales pobres y basadas en prejuicios, violencia social, rechazo y/o temor a la diferencia, la ausencia de una autoridad amorosa en la infancia, son todos signos claros de nuestro tiempo, y es precisamente en este “caldo” de problemáticas donde se fue cocinando a fuego lento un fenómeno que actualmente es objeto de estudio por su creciente incidencia en las escuelas primarias y secundarias: el bullying o acoso escolar.

El término bullying fue acuñado por el psicólogo y especialista escandinavo Dan Olweus, y significa “intimidación”. A principio de los años 70, Olweus comenzó a estudiar profundamente las crecientes situaciones de acoso y violencia escolar en los países nórdicos, que si bien es un fenómeno muy antiguo, comenzó a generar en el psicólogo una gran preocupación al ver la desproporción entre el sadismo de determinados acosos y la falta de atención o el desinterés de los maestros y las familias al respecto.

Otro de los especialistas que se interesó por esta problemática fue el noruego Dan Olsen, quien definió el bullying como “una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno contra otro, al que escoge como víctima de repetidos ataques. Esta acción negativa e intencionada sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede salir por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas efectos claramente negativos, como descenso de la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de su aprendizaje”.

Recién a finales de los 80, el acoso escolar comenzó a generar preocupación también en países como Japón, Gran Bretaña, Holanda, Canadá, Estados Unidos y España. En relación a esta demora en la toma de conciencia sobre la gravedad de esta situación, algunos profesionales sugieren que de alguna manera con el bullying ocurrió algo similar a lo experimentado con la violencia doméstica, siendo que hasta hace relativamente poco tiempo se la consideraba como algo “inevitable” y como un problema de carácter estrictamente privado que debía ser resuelto en el seno de las relaciones entre iguales, sin intervención de la justicia o las autoridades competentes.
Actualmente y por su alta incidencia, el bullying es un tema candente que se ha profundizado y que a nivel mundial es motivo de debates, congresos y campañas de prevención debido a los altísimos niveles de violencia en juego y a la gran cantidad de niños y jóvenes que se han quitado la vida por no poder hacer frente a las situaciones de hostigamiento reiterado.
Entre las víctimas del acoso escolar los niños con discapacidad que asisten a las escuelas integradoras representan un gran porcentaje de los estudiantes hostigados. Esta situación, si bien preocupa, no está siendo considerada por las autoridades escolares con el debido compromiso.
Como consecuencia de estas conductas, diversos estudios han señalado un preocupante índice de deserción escolar en el colectivo y el agravamiento en el déficit de habilidades sociales y de atención, producto de la ansiedad, la frustración y el impacto emocional que generan los acosos.

Cifras que estremecen.- Según el propio Olweus, el bullying puede definirse como una acción negativa llevada a cabo “cuando alguien inflinge, de manera intencionada, o intenta infligir mal o malestar a otra persona”. Para el experto escandinavo estas acciones negativas pueden llevarse a cabo mediante contacto físico, verbalmente o de otras maneras como hacer muecas o gestos insultantes e implican la exclusión intencionada del grupo. “Para emplear correctamente el término ‘bullying’ ha de haber un desequilibrio de poder o de fuerza (una relación asimétrica): El escolar que está expuesto a las acciones negativas tiene mucha dificultad para defenderse. Hablando de manera más general, el comportamiento acosador puede definirse como comportamiento negativo repetitivo e intencional (desagradable o hiriente) de una o más personas dirigido contra una persona que tiene dificultad en defenderse”.
Este desequilibrio de poder que menciona Olweus puede ser tanto de naturaleza física o psíquica y suele estar dirigido hacia aquellos niños o adolescentes de apariencia física o perfil cognitivo diferente, cuadro siempre agravado por su condición social y racial.
El hostigamiento físico y psicológico puede concretarse a partir de gestos más o menos directos, incluyendo también la circulación de rumores malintencionados y las leyendas y dibujos ofensivos.

Actualmente y debido al incremento de las tecnologías al alcance de los niños, el tipo de acoso más frecuente es el “Ciber-bullying”, que se da cuando la víctima es filmada durante la agresión física o la burla para luego subir esa filmación a Internet. Redes sociales como Facebook, Myspace y YouTube se han convertido en el mejor aliado de los acosadores escolares, quienes graban con su teléfono celular los abusos, que suceden comúnmente en los baños y patios escolares.
Según un estudio llevado a cabo en España en2008*, los estudiantes que sufren conductas violentas oscilan entre un 20% y un 30%.
En tanto en los Estados Unidos, donde la problemática se ha vinculado a hechos trágicos de suma trascendencia como las masacres de Columbine y Virginia Tech, el 15% de los adolescentes de 11 a 17 años participaría en el acoso escolar, como víctimas o victimarios, al menos una vez por semana.
En México el 65% de los niños y niñas en edad escolar manifiestan haber sufrido el bullying, pero sólo uno de cada diez ha recibido la atención especializada y menos del 3% comentó lo sucedido ante sus padres o ante las autoridades de la escuela. Según investigaciones realizadas en dicho país por la Secretaría de Desarrollo Social, solamente entre marzo y junio de 2010 se presentaron 13.633 casos de violencia escolar en el Distrito Federal, mientras que el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública reportó una denuncia cada 48 horas.

Las estadísticas norteamericanas han puesto especial énfasis en el bullying sobre los estudiantes con discapacidad. En julio de 2000, el Departamento de Educación de EE.UU. emitió una declaración oficial en nombre de la Oficina de Derechos Civiles (OCR) y la Oficina de Educación Especial y Rehabilitación (OSERS) en relación con el acoso de la discapacidad en la escuela. El número de denuncias y consultas recibidas por la OCR y la OSERS demostró un constante aumento de las denuncias y las situaciones de acoso probadas sobre niños con discapacidad. Según los especialistas, esta tendencia estaría estimulada por el propio sistema de educación que etiqueta y separa a los estudiantes sobre la base de la aptitud atlética o académica, ofreciendo un ambiente propicio para la intimidación, las burlas, y el desarrollo de las camarillas (Bowman, 2001; Hoover y Salk, 2003).
En Inglaterra, la organización Mencap publicó un estudio donde reveló que 8 de cada 10 niños con dificultades de aprendizaje han sido intimidados, y seis de cada 10 heridos físicamente, dando a conocer que los niños con discapacidad tienen dos veces más posibilidades de ser víctimas de bullying.
Por otra parte, se estimó que alrededor del 25% de los profesores no ven nada malo con la intimidación o humillaciones y, en consecuencia sólo alcanzan a intervenir en apenas el 4% de los incidentes de intimidación (Cohn & Cantor, 2003; Consejo de Asuntos Científicos de la Asociación Médica Americana, 2002).
Con este marco tan desalentador, los niños con discapacidad que han logrado acceder a las aulas integradoras se encuentran atravesando una grave situación que puede poner en riesgo no sólo su escolaridad sino su propia integridad como personas.
En un reciente artículo sobre bullying, la revista brasileña “Nova Escola”, especializada en Educación, señala que los niños con discapacidad no tienen desarrolladas habilidades físicas o emocionales para defenderse de los ataques. Advirtiendo además que una investigación de la Fundación Instituto de Pesquisas Econômicas (Fipe) realizada sobre 18 mil estudiantes, profesores, funcionarios y padres en 501 escuelas de todo Brasil, constató que el 96,5% de los entrevistados admitió tener preconceptos contra las personas con discapacidad, principalmente por falta de información.
Se estima que, producto del acoso, el 33% de los niños afectados sufriría de depresión, cefaleas, dolores abdominales e insomnio por lo menos una vez por semana, mientras que el 22% habría tratado de suicidarse. Por otra parte los alumnos que no participan en el acoso escolar presentarían un 50% menos de problemas educacionales y de salud que los compañeros involucrados en este tipo de agresiones.
Debido a que el hostigamiento escolar puede ser muy difícil de detectar y frenar y que aún se desconocen los efectos a largo plazo que puede causar en la mente de un niño, es necesario involucrarse con esta problemática y comprender sus mecanismos, para poder establecer esquemas de prevención y de atención inmediata.


Síntomas y consecuencias del acoso escolar.- intimidaciones escolares pueden darse tanto en el plano físico y verbal, como en el psicológico y social. Una sola mirada puede bastar para que el acosador logre imponerse sobre el acosado, ya que cuando los episodios de intimidación se sostienen en el tiempo la víctima va anulando su personalidad y su capacidad de reacción.
Olweus sostiene que “Las evidencias aportadas hasta ahora por la investigación sugieren que las características de la personalidad o los patrones de reacción típica, en combinación con la fuerza física o la debilidad en el caso de los chicos, son importantes para el desarrollo de estos problemas en estudiantes individuales. Al mismo tiempo, los factores ambientales como las actitudes, las rutinas, y el comportamiento de adultos pertinentes, en especial profesorado y directores (…)”.
El acosador actuaría impulsado por una fuerte necesidad de dominar y someter a otros compañeros y salirse siempre con la suya. Según Olweus, se trataría niños y jóvenes impulsivos y de enfado fácil, que no muestran ninguna solidaridad con los compañeros victimizados y que a menudo son desafiantes y agresivos hacia los adultos, padres y profesorado incluidos. Si son adolescentes es probable que además se encuentren involucrados en actividades antisociales y delictivas como vandalismo, delincuencia y drogadicción.
“Con respecto a las posibles fuentes psicológicas latentes en el comportamiento acosador, el patrón de investigación empírica sugiere tres motivos interrelacionados en parte. Primero, los acosadores tienen una gran necesidad de poder y de dominio (…) Segundo, considerando las condiciones familiares en las cuales muchos de ellos han crecido (Olweus, 1980, 1993), es normal suponer que han desarrollado un cierto grado de hostilidad hacia el entorno; estos sentimientos e impulsos pueden hacer que encuentren satisfacción en hacer daño y provocar sufrimiento a los otras individuos. Finalmente hay un “componente claro instrumental o de provecho” en su comportamiento. (…) Además, es obvio que su comportamiento agresivo se ve recompensado en muchas situaciones en forma de prestigio”, amplía el investigador escandinavo.

¿A través de qué acciones puede el acosador hostigar a la víctima? Estos son sólo algunos posibles hechos de abuso:

  • Empujando, golpeando y haciendo abuso de su fuerza
  • Dañando pertenencias del niño agredido
  • A través de burlas, insultos y apodos ofensivos
  • Amenazando verbalmente o a través de notas o por Internet
  • A través de aislar al niño de las complicidades de juego y cotidianeidad
  • Sumando a las burlas y apodos la condición social, racial o de género y sexualidad
  • Esparciendo rumores sexuales
  • Bajando los pantalones o las faldas en los recreos (también puede haber toqueteos sexuales)
  • Organizando campañas de desprestigio para buscar complicidades y amparo
  • Como consecuencia de estos y otros actos vejatorios, las víctimas pueden sufrir graves consecuencias tanto en su rendimiento escolar, en su desarrollo social y psicológico. Muchas de estas consecuencias se ven reflejadas en:
  • Depresión, ansiedad, estrés pos-traumático.
  • Ausentismo escolar.
  • Desarrollo de enfermedades psicosomáticas.
  • Falta de concentración y riesgo de Trastorno de Atención.
  • Baja autoestima y altas probabilidades de desórdenes mentales en la edad adulta.
  • Problemas para el manejo de la ira, o comportamientos autodestructivos.
  • Abuso de sustancias.
  • Dolor de cabeza y dolor de estómago.
  • Problemas para conciliar el sueño, pesadillas y temores nocturnos.
  • Sentimiento de culpa.
  • Temor a manejarse solo en la escuela y en otros ambientes sociales.
  • En caso de niños con problemas de aprendizaje, las dificultades cognitivas se ven incrementadas.
  • Intento de suicidio.

Estudios longitudinales proporcionaron un mayor apoyo a la opinión de que la victimización entre pares es un factor causal importante de deterioro en la salud de los escolares y en su bienestar personal, y que los efectos pueden ser duraderos.

Una investigación realizada en Estados Unidos encontró que el 8% de los estudiantes de 8° grado perderá al menos un día de clases al mes por miedo a los acosadores. Las víctimas a menudo reciben calificaciones más bajas debido a estos problemas de asistencia, y también debido a su estrés y preocupación, ya que se obsesionan con la intimidación y la forma de tratar de evitarla. Esto deja poco o ningún tiempo para el estudio, generando un círculo vicioso, ya que la vergüenza y la ansiedad experimentadas refuerzan las situaciones de burla.
Cabe señalar otro posible resultado de ser intimidado que está causando honda preocupación en distintos países: cuando las víctimas también pueden llegar a ser violentas, ya sea en el momento de la intimidación o en su futuro. Este comportamiento violento puede ser dirigido hacia sí mismos, hacia su escuela en general, e incluso puede ser dirigido como una represalia hacia los propios agresores. A veces el comportamiento violento puede conducir a una mayor intimidación.

En Inglaterra, el acoso contra estudiantes con discapacidad es tan severo, que los estudios reportaron que 8 de cada 10 niños con discapacidades de aprendizaje son intimidados y que el 60% han sido lastimados físicamente. Esta situación llevó al gobierno a lanzar una guía escolar con directrices para prevenir y frenar el bullying y a designar un miembro del personal para cuidar a cada alumno con discapacidad o necesidades educativas especiales.
En algunos casos, la intimidación puede ser tan grave y puede prolongarse durante tanto tiempo que la víctima tiene pensamientos de suicidio o realmente puede suicidarse. El término “bullycide” (bullicidio) se utiliza para describir el suicidio de la víctima que se produce debido a la conducta extrema de acoso. Según un estremecedor estudio de la organización mexicana Fundación en Movimiento publicada en mayo último, durante 2010 se habría relevado el suicidio de 190 menores de entre 11 y 15 años a causa del acoso escolar. Francisco Castillo Alemán, de la Dirección General de Prevención del Delito de la Procuraduría General de la República, informó que el 16.5% (uno de cada seis) de los jóvenes víctimas de ese fenómeno, termina suicidándose en México.

Prevención y diálogo.- Sin dudas que se trata de un tema serio que en nuestro país, a diferencia de Chile (que este año lanzó una campaña nacional) y Brasil, aún no se ha tenido en cuenta de manera responsable y de acuerdo a su gravedad.

La revista brasileña “Nova Escola”, en su informe especial, señala la falta de orientación en los profesores como uno de los puntos débiles a la hora de enfrentar este problema. En dicho artículo, el pedagogo Giovani Machado, especialista en educación inclusiva, advierte que los profesores no están preparados para lidiar con bullying en el aula inclusiva. “La Facultad no prepara a los futuros profesores para que trabajen con estos asuntos actuales. La sala de aula no es más homogénea, como dicen. Tenemos que aprender sobre ello en el día a día mismo”.
Muchos países ya han comenzado a crear cursos de capacitación docente y diseñado material didáctico para trabajar en las aulas y junto a las familias, respaldados por campañas nacionales para la prevención del bullying.

Los especialistas acuerdan en no esperar a vivir un episodio de bullying para que los padres y maestros se involucren con la problemática, poniendo especial énfasis en la prevención.
Para ello es importante abrir instancias de diálogo y debate sobre lo que significa intimidar, la violencia y los abusos, y también sus consecuencias. También es fundamental interesarse sobre el trato que cada niño con discapacidad recibe de sus compañeros y reforzar su contacto con actividades que puedan incrementar su autoestima.
Si los padres se enteran de que su hijo con discapacidad ha recibido algún tipo de amenaza directa o a través de medios electrónicos, debe dar urgente aviso a las autoridades escolares. Este proceder debe darse de manera asertiva, segura y calmada.
Teniendo en cuenta que los niños con discapacidad pueden sentirse muy avergonzados por estos hechos y es muy probable que no deseen compartirlo con la familia, es necesario que de manera preventiva los padres los animen siempre a dialogar sobre las vivencias del día a día. En caso de que el niño relate un episodio de acoso, se deberá actuar sin enfado ni tensión, para no dañar la confianza del niño ni aumentar su vergüenza.

Algunos especialistas afirman que los padres deben apoyar los sentimientos del niño, sin desestimar sus vivencias interiores, brindando todo el respaldo necesario, sin animarlo a un enfrentamiento directo con el abusador y enseñándoles cuestiones de seguridad, cómo, a dónde y con quién puede acudir para recibir ayuda. Suele convenir enseñar al niño a que ignorare al acosador, que se muestre confiado y que pueda hablar de lo sucedido con los adultos a cargo.
En caso de que el hostigamiento comience a dejar secuelas en el niño, es importante considerar la ayuda profesional, sobre todo si manifiesta problemas de ansiedad o se siente sobrepasado.
En tanto a la prevención en el manejo escolar, los investigadores aseguran que los profesores deben conversar abiertamente sobre la discapacidad del alumno con todos los niños en presencia de él. Adaptar la rutina para facilitar a aprendizaje siempre que sea necesario; hablar con los padres y la comunidad sobre el bullying y la inclusión; exhibir filmaciones y compartir lecturas donde aparezcan personajes con discapacidad que vivencian contextos positivos; focalizar en las habilidades y capacidades de aprendizaje del alumno para integrarlo al grupo y elaborar en conjunto con la escuela un proyecto propio de acción y prevención contra el bullying.
El Departamento de Educación de EE.UU. sugiere que para prevenir el acoso por discapacidad las autoridades educativas de las escuelas normalizadoras se esmeren siempre por crear un entorno de “campus” que sea consciente y sensible a las preocupaciones de la discapacidad y el acoso. Agregando este tema en la currícula o a través de programas extra-curriculares. Propone además que las escuelas animen a los padres, estudiantes, empleados y miembros de la comunidad para discutir el acoso en niños con discapacidad y que de esta manera puedan informar de ello cuando lo detecten. También sugiere la implementación de programas de monitoreo para dar seguimiento a los problemas de acoso por discapacidad, evaluando y modificando las políticas de discapacidad y acoso y los procedimientos para garantizar la eficacia de una intervención.
Pero sin dudas que siempre será necesario que los propios Estados puedan reconocer la problemática y acompañar las acciones de las escuelas con campañas de apoyo, incluyendo este tema tan delicado en las currículas escolares.

Tenemos que tener en cuenta que nuestra sociedad siempre resultó más empática con el hostigador que con el hostigado, y que si no se logra un verdadero cambio de paradigma, será muy difícil que estos temas adquieran la relevancia que merecen.
La conducta de los niños hostigadores no está separada de lo que ellos mismos absorben en sus hogares y a través de los medios de comunicación, donde la burla y el descrédito hacia las personas con discapacidad son moneda corriente. La burla, el prejuicio, la subestimación, la sobre-valorización del “pícaro” y el rechazo a la diferencia ya están demasiado establecidos dentro de nuestro esquema social. Será entonces absoluta responsabilidad de los adultos, educadores, informadores y padres, avalar este modelo o comenzar a construir las bases saludables y robustas de una sociedad con valores inclusivos verdaderos, que no se contrapongan con nuestras actitudes cotidianas.

Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar

Fuente: http://discapacidadrosario.blogspot.com

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