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Psicología de la agresividad perspectivas teóricas

Psicología de la agresividad

Agresividad es una palabra que proviene del latín ad gradi, que significa ir, hacia, en contra, emprender, interpelar. Algunos pensadores afirman que la agresividad nos ha sido heredada por nuestros antecesores pre humanos, esto quiere decir que el ser humano agresivo por naturaleza.  También dicen  que la agresividad es alimentada por una fuerza que se va acumulando en el cuerpo y que se debe descargar periódicamente.

Perspectivas teóricas sobre la agresividad

Perspectiva psicoanalítica

El instinto agresivo

Freud postuló la teoría del doble instinto, en la cual se concibe al hombre como dotado de “una cantidad o quantum de energía dirigida hacia la destructividad, en el más amplio sentido, y que debe inevitablemente expresarse en una u otra forma”. (Hill, 1966, p.136). Si se obstruye su manifestación, este deseo sigue caminos indirectos, llegándose a la destrucción del propio individuo. Posteriormente, se concibió la agresión como un aspecto de deseos que son biológicamente primitivos, o sea, “los deseos más primitivos o las formas más primitivas de satisfacer deseos dados, son también más agresivos o más destructivos” (Hill, 1966, p.136). Durante el desarrollo disminuye el carácter primitivo – y por tanto agresivo – de los deseos, sustituyéndose los comportamientos más primitivos que no brindan satisfacciones por otros más complejos para lograr disminuir la angustia.

Origen de la cultura y la agresividad

Según Roldán (1993) el mito fundamental propuesto por el psicoanálisis freudiano sobre los orígenes de la cultura, apartándose de toda la tradición filosófica imperante en occidente, sería su inicio basado en la guerra o en una violencia originaria; cultura y violencia son para el Psicoanálisis dos realidades que se implican mutuamente. El sentido de violencia alude a una fuerza vital presente en el origen de la vida. En otros términos incumbe a la lucha por sobrevivir. De ahí su conexión primordial con al cultura como algo referido también a cultivar.
Para explicar la imposible armonía entre ley y deseo o de su ambivalencia fundamental, Freud recurre al mito del asesinato del padre. Toda la familia humana debe su génesis a un crimen fundador. De acuerdo a esta concepción:

“En los comienzos de la sociedad humana, los individuos vivían en pequeñas hordas bajo la dominación de un hombre todopoderoso, autocrático, que era el padre de todos. (…) Cuando el padre escogía uno de los hijos como su sucesor, los otros hijos eran expulsados e la tribu y se organizaban para desafiar y matar al padre. Después de consumado el patricio, los hijos comenzaban a luchar entre ellos por el poder. Al descubrir que la agresión fraternal era peligrosa, ellos formaron el primer contrato social, que se basaba en la renuncia a la gratificación instintiva. (…) El amor fraternal fue instituido para controlar la agresión entre los miembros de la misma sociedad, y la agresión era canalizada en alguna forma declarando la guerra a otras sociedades, sirviendo así la guerra el propósito de mantener el grupo unido” (Barra, 1998, p.28-29)

Perspectiva etológica o evolutiva

Las teorías evolutivas de la agresividad consideran que la agresividad humana, como tanta otras conductas, tendría sus bases en la filogenia. De esta manera, las situaciones de agresión que se dan en animales serían análogas a aquellas que se presentan en humanos siendo entonces la agresión un producto natural, consustancial al ser humano. Según las palabras de Lorenz: “no cabe ninguna duda, en opinión de cualquier hombre de ciencia con mente científica, de la agresión intraespecífica es, en el Hombre, un impulso instintivo espontáneo en el mismo grado que en la mayoría de los demás vertebrados superiores” (J.D. y Ebling, F.J, 1966, p.5).

La agresión, dentro de este enfoque, lo constituirían “la lucha intra o interespecífica e incluye, aparte de la lucha misma, los desafíos, amenazas, actitudes de imposición, de apaciguamiento y de sumisión, posturas de defensa, ceremoniales ritualizados de combate u otras manifestaciones activas o pasivas utilizadas en la lucha en sus sucedáneos” (Cermignani, 1991, p.25). No se consideraría agresión la relación entre predador y presa.

Clasificación de la agresión

A través de la etiología, se han identificado diversas formas de conducta agresiva:

Clase Estímulo provocador

1.- Predatoria Objeto natural de presa
2.- Afectiva Intentos de escape, defensivo
3.- Entre machos Machos co-específico, al cual el atacante no se ha acostumbrado
4.-Irritable Ira o furia
5.- Defensa territorial Invasión por intrusos
6.- Maternal Proximidad de amenaza al crío
7.- Instrumental Respuesta aprendida, hay refuerzos por atacar.
8.- De fuga Presencia de agresor al cual no se puede atacar

Además de esta estricta clasificación, se ha acuñado el concepto de “conducta agonista”, que denota todo comportamiento en situaciones de conflicto, incluyendo ataque, defensa y huida. Suele identificarse el aspecto afectivo de la conducta agresiva con rabia y disgusto, sin embargo, muchas conductas agresivas no están motivadas por tales afectos. Existe agresión motivada por incentivos, por ejemplo, si la conducta sirve a una finalidad diferente de la expresión de ira, como el ladrón que agrede a un guardia sin necesariamente estar enojado con éste.

La agresión intraespecífica

La agresión intraespecífica se refiere a aquella que se da entre individuos de una misma especie. Existirían dos tipos principales: la hiperestésica, “basada en exceso de impulso, y que en su forma más usual consiste en errores de identificación, tomando una cosa por otra parecida” (Fisher, J. 1966, p.14) y la taxógena, que se daría entre individuos muy similares dentro de una misma especie que se produciría por la posesión de territorios, por la búsqueda de compañera sexual o ante la falta de fuentes de alimentación; el resultado final de esta agresión sería llevar a la evolución de la especie, al permitir sobrevivir a los más fuertes.

Dentro de la forma taxógena de agresión intraespecífica, podemos encontrar la lucha ritual y abierta. La primera es un encuentro con reglas estrictas y la segunda sería una lucha a muerte; el segundo caso es muy difícil de encontrar.

El comportamiento de los animales sería, esencialmente, un intento de evitar la lucha intraespecífica. La mayoría de las “armas” que presentan los mamíferos serían instrumentos de agresión interespecífica (defensa o predación de animales de especies distintas) y no intraespecífica. “Las armas son potencialmente tan peligrosas que el combate se ritualiza convirtiéndose en despliegue, amenaza, sumisión o aplacamiento, de modo que los combates no suelen ser más que pruebas de fuerza seguidas de separación y rápida retirada del más débil” (Fisher, 1966, p.36). La lucha abierta sólo se daría en situaciones de falta de recursos del medio o en animales cautivos e incluso en estas condiciones el más débil podría escapar y salvar con vida. “Los animales despliegan actitudes agresivas que pueden tener valor para la supervivencia, pero en condiciones naturales no luchan hasta la muerte con miembros de su propia especia; el conflicto es ritualizado, de modo que se hace poco daño.”(J.D. y Ebling, F.J, 1966, p.6)

En la lucha ritual como en la abierta se produce un conflicto entre los intereses del individuo y los de la especie. Si bien el individuo no quiere tener rivales y por eso ataca a sus congéneres, si esto se llevara al extremo no quedarían individuos dentro de la especia. La misma selección natural debe haber preservado formas de comportamiento no demasiado dañinas: los animales que las poseían deben haberse extinguido. Existiría una inhibición muy grande en el vencedor animal, que le impide matar a su víctima.

En definitiva, tal como dice Cermignani (1991) “la lucha lleva a la selección de los machos [o de las hembras] más corpulentos y hábiles, mientras que la ritualización parcial o total de la misma tiende a reducir el gasto de energía y/o a eliminar las posibilidades de muerte del vencido”.

La etología y el comportamiento agresivo en el hombre

El hombre presentaría comportamientos de agresividad interespecífica: lucha por territorio, ante individuos semejantes con ligeras diferencias, etc. La diferencia fundamental entre el hombre y los animales sería el grado de destructividad en su agresión; el que en el hombre la lucha fatal sea más común podría estar asociada al uso de herramientas (ya que las armas son muy peligrosas y matan rápidamente) o, incluso, el que no existieran los mecanismos de inhibición de la conducta agresiva intraespecífica.
Según Rapaport(1992) la agresión es un impulso que es propio de la naturaleza del hombre, por lo que tendría características universales y estaría profundamente enraizado en la historia humana. Este planteamiento considera que existen dos “pulsiones” opuestas en interacción permanente que serían la construcción-destrucción o síntesis-desintegración, las cuales serían la base de todos los comportamientos agresivos. En este sentido, la conducta humana estaría influida por el interjuego de ambos factores y que a poco irían tomando la forma de fuerzas dirigidas a la auto-preservación y desarrollo o en fuerzas auto-destructivas, a través de formas y modos que podrían estar socialmente aceptados (competencia, superación, logro) o formas desviadas o patológicas (sadismo, masoquismo, suicidio, violencia).
Desde este punto de vista, la agresión sería un impulso primario, que durante el proceso de la evolución sufre decisivos momentos de neutralización, desagresivización como transformación y canalización que hacen que su energía sea canalizada hacia diversos objetivos.

Bases biológicas de la agresión

Bases estructurales

Función del Hipotálamo en la función agresiva
Los estudios indican que el hipotálamo sería el principal encargado de regular las funciones neuroendocrinas relacionadas con la agresión. Con respecto a este criterio, el hipotálamo estaría organizado topográficamente en tres regiones, las cuales una vez estimuladas eléctricamente generarán distintos tipos de agresión: ataques depredatorios, afectivos y respuestas de fuga. Las tres serían partes de la conducta agonista, que abarca la lucha, el miedo y la fuga. Así, una estimulación en la porción lateral del hipotálamo provocaría una agresión predatoria; una estimulación en la porción medial hipotalámica induciría una agresividad afectiva y una en la porción dorsal del hipotálamo resultaría en una respuesta de fuga.

Función de la amígdala en la función agresiva:

Reacciones defensivas, como ira y agresión, han sido provocadas en diferentes regiones del complejo amigdaloide. Las lesiones en este complejo producen disminución en la conducta agresiva, disminuyéndose la excitabilidad emocional y normalizándose la conducta social en individuos con graves trastornos de conducta.

Bases Neuroendocrinas

Las hormonas gonadales, y sobre todo el andrógeno principal -la testosterona-, fueron consideradas como las más importantes en la agresión. No obstante, hay también un interés en el eje pituitario-adrenocortical, relacionado con la agresión; existiría, entonces, una relación evidente entre ambos ejes, el gonadal y el pituitario-adrenocortical y la agresión.
A esto se le suma la participación de los corticoesteroides en relación a toda conducta agresiva que no sea de carácter sexual. Los estudios demuestran que la capacidad de experimentar sentimientos agresivos está estrechamente asociada a la actividad gonadal masculina.
El eje pituitario-adrenocortical parece tener una influencia indirecta sobre la agresión en general y sobre la testorena, en particular.

Catecolaminas, Serotoninas y otros neurotransmisores

La agresión es una categoría de estrés que altera el metabolismo de las aminas, sin embargo las diferencias individuales hacen acto de presencia. Parece ser que la adrenalina mediatizaría el miedo y la agresión y la noradrenalina la irritabilidad. Los autores Welch y Welch ( 1971, citado en Aluja, 1991) encontraron que la síntesis de aminas en el cerebro estaba en relación con la estimulación ambiental. En condiciones de aislamiento decrecían y en condiciones de agresión se incrementaban. Pero la estimulación intensa y la agresión a la larga aceleran la disminución de las aminas.

El rol funcional de la serotonina en la agresión aun no está del todo claro. Las primeras investigaciones relacionan niveles bajos de este neurotransmisor con la agresión. Weil- Malherbe (1971, citado en Aluja, 1991) escribió que una preponderancia absoluta o relativa de catecolaminas biológicamente activas en el cerebro estan correlacionadas con el estado de vigilia , la actividad motora y la agresividad; mientras que la preponderancia absoluta o relativa de la serotonina activa en el cerebro esta relacionada con la sedación, la ansiedad y a niveles elevados con la exitación , desorientación y convulsiones. Persky (1985, citado en Aluja, 1991) concluye en su revisión que:

a. Niveles bajos de serotonina pueden incrementar ciertos tipos de agresión .
b. Niveles altos de serotonina pueden producir ansiedad y desorientación.
c. El estrés incrementa la producción de serotonina.

Welch y Welch (1971, citado en Aluja, 1991) indicaron que antes de comenzar una conducta agresiva el sistema nervioso incrementa la producción de aminas debido a una inhibición de la MAO mitocondrial.

La dopamina parece aumentar las conductas agresivas y al ácido gamma amino butírico ; GABA las inhibiría..

Se ha visto que la acetilcolina incrementa tanto la agresión depredatoria como la afectiva y las sustancias como los bloqueadores beta adrenérgicos , inhiben la conducta agresiva periferica sin necesariamente alterar la disposición

Hormonas corticoesteroidales

Algunos corticoesteroides, como la corticoesterona y la cortisona, estarían asociadas a la fisiología de la agresión.

Lischner(1975, citado por Aluja, 1991) afirma que los altos niveles de ACTH disminuyen la agresividad e incrementan el miedo ante la presencia de un estímulo nuevo o específico, mientras que los niveles hormonales pituatio-adrenocorticales intermedios parecen que predisponen al animal a ser más agresivo y menos temeroso. Persky (1985, citado por Aluja, 1991) escribe en su revisión que según varios estudios la ACTH funcionaría para disminuir la agresividad a largo plazo, ya que la administración exógena de esta sustancia tiene un efecto exitador de la cortico-esterona, que aumenta la agresión. La disminución de la agresión como resultado de un aumento de la actividad adreno-cortical, puede ser el resultado de la acción de la acción extra-adrenal de la ACTH, pues esta disminuiría la secresión gonadal de testosterona.

Modelos cognitivos

Los modelos cognitivo-conductuales centran su atención en como las procesos de procesamiento de información influyen en la conducta agresiva, especialmente los procesos motivacionales y atribucionales.

Perspectiva atribucional

Desde esta perspectiva se observa como las atribuciones se relacionan con las tendencias que una persona manifiesta a realizar acciones o conductas agresivas.

Cuando una persona enjuicia una conducta agresiva, se formulan ciertas interrogantes. Se pregunta si la causa de ella es externa o interna, si su naturaleza es temporal o estable en el tiempo, si estas son controlables por los sujetos o si no lo son. Se observa que las respuestas que dan los individuos a estas interrogantes influyen en el comportamiento a través de las siguiente secuencia: cognición (atribución, ideas al respecto) – afecto y acción (comportamiento o conducta). Cuando se adjudica una causa externa, no controlable y estable, aumenta la probabilidad de comportamiento agresivo.

Agresión y frustración

La conductas agresivas son multideterminadas y entre los distintos factores que la determinan, la frustración ocupa un lugar fundamental; inclusive, algunos autores plantean que la conducta agresiva tiene como un antecedente necesario una frustración. Las frustración ha sido entendida como contrapuesta a la gratificación, como interferencia a la ocurrencia de la satifacción de la necesidad, tanto psicológica, biológica y social. La frustración implica situaciones bloqueadoras, amenazantes y de deprivación, que surgen como respuesta tanto a estímulos internos como externos.

La frustración abarca una amplia gama de hechos muy variables y le ocurre a personas muy distintas entre sí, con estilos y niveles de la organización de la personalidad muy distintos, que incluyen un grado específico de la fuerza del yo y de tolerancia a la frustración, originando comportamientos y respuetas muy distintivas. Así es como la frustración puede dar origen a la persistencia en la búsqueda de la satisfacción, como a reacciones defensivas. Por tanto, “la frustración no es una condición suficiente ni necesaria para la agresión, pero si claramente facilitadora” (Rapaport,1992 , p.34).

Una amenaza de castigo puede disminuir o inhibir una respuesta agresiva. Al acercarse el momento de llevar a cabo la agresión, la posibilidad de castigo entra en juego por la fuerza relativa que presenta la tendencia a agredir. En relación con la intensidad de la tendencia a agredir y la intensidad de la tendencia a evitar agredir, la persona mostrará o no una conducta agresiva.
Ciertas personas pueden ser más propensas a sentimientos y acciones agresivas que otras de una forma innata, pero la agresión constante es más frecuente en personas que han crecido bajo condiciones negativas, de constante frustración, por lo que han debido desarrollar una agresión defensiva; la agresión pasa a ser un derivado de la hostilidad y el resentimiento. Cuando la persona no llega aun acuerdo de sus necesidades frustradas y no encuentra perspectivas de salida, difícilmente podrá frenar una dinámica agresiva, que constituirá una satisfacción sustitutiva.

Modelos del aprendizaje social

El modelo del aprendizaje social de Bandura plantea que la agresividad es producto de dos procesos, constituyentes de todo aprendizaje vicario: la adquisición de conductas nuevas se realiza a partir de la observación de modelos significativos, a través de un proceso de modelado y la mantención de las conductas agresivas se basa en procesos de condicionamiento operante.

La perspectiva conductual

La teoría conductual da fundamental importancia, en la explicación de la conducta agresiva, a los factores ambientales presentes y la relación de estos con la conducta. En este sentido las variables determinantes de la agresión se pueden clasificar en función del tipo de condicionamiento efectuado, respondiente u operante.

Los aspectos de la conducta agresiva que son susceptibles de ser descritos en termino de control respondiente, corresponden en gran medida a lo que Skiner llama agresión filogenética, para distinguirla de la agresión ontogenética moldeada directamente por múltiples determinantes. Entre las variables que experimentalmente han sido capaces de producir agresión se encuentran las siguientes: la administración de choques eléctricos produce agresión incondicionada a miembros de otra especie, de la misma especie, o a objetos inanimados; los mismos efectos pueden obtenerse con un fuerte chorro de aire, o interrumpiendo el reforzamiento (extinción).
Los aspectos de la agresión pueden ser condicionados de forma operante, por ejemplo: reforzamiento con comida permite poner bajo control discriminativo las respuestas agresivas; también se puede hacer lo mismo con agua. También se ha encontrado que la oportunidad de agredir serviría como reforzador operante en situaciones de naturaleza aversiva.
El gran conjunto de datos experimentales existentes demostrarían la plasticidad de la conducta agresiva y la multiplicidad de los factores ambientales que la determinan. La importancia de los factores ambientales y la posibilidad de controlarlos abre la opción de manipular la conducta agresiva, desde este punto de vista la agresión puede disminuirse al mínimo reduciendo los estímulos desencadenantes (en el caso de la agresión filogenetica) y con la construcción de un ambiente social en el que la agresión no tenga ningún valor de supervivencia por lo que no pueda funcionar como reforzador.

Agresión social y cambio de conducta

Según Bandura(1978), el modelo de la conducta desviada de los niños como enfermedad mental y sus estrategias de tratamiento(institucionalización) pierden validez, por la historia de fracasos continuos de este modelo, en poder “mejorar” a los individuos, y en convertirlos en unos miembros positivamente activos de su comunidad. La teoría conductual sugiere un modelo alternativo al de la enfermedad mental, para poder comprender la conducta desviada, que es el modelo de la deficiencia conductual. En este modelo los problemas de comportamiento se consideran deficiencias de destrezas esenciales. Estos déficits conductuales se consideran producto de historias de reforzamiento y de enseñanzas inadecuadas, en lugar de atribuirlos a hipotéticas psicopatologias internas. Se considera que a los individuos con conducta desviada su medio no le ha proporcionado los medios, las instrucciones, los modelos, ni las contingencias de reforzamiento suficientes que le permitan desarrollar un conjunto completo de conductas socialmente aprobadas.

De acuerdo con esto los programas de tratamiento basados en el modelo del déficit conductual son elaborados con el fin de establecer las habilidades importantes que no han sido aprendidas. Debe ser expuesto a un ambiente que le proporcione los ejemplos las instrucciones y las contingencias de reforzamiento correctivas y necesarias para que aprenda las conductas adecuadas.

Visión fenomenológica :

Según Zegers (1991), no existiría nada que permita afirmar que el hombre es agresivo por “instinto”, pero si se puede decir que conserva los mecanismos anatómicos y fisiológicos necesarios para la manifestación de conducta agresiva en función de otras motivaciones, tales como la conservación del individuo. El problema radicaría en que, al no presentarse mecanismos inhibidores de la agresión intraespecífica, no “somos agresivos por naturaleza, pero podemos serlo de la peor forma” (Zegers, 1991, p.39).
Una de las condiciones principales para la aparición de la agresión es la falta de espacio. Si bien en los animales se presentan conductas de defensa del territorio, en los humanos esta defensa tendría otras características, ya que el sitio a defender sería el “espacio vital”, o espacio de experiencia. Este “espacio vital” puede extenderse hasta el infinito y con él la agresión para conservarlo; la única excepción sería la condición del amor, donde dos personas aceptan vivir dentro del mismo espacio vital.

Trastornos mentales asociados a la agresividad

Antes de estudiar las características de la psicopatía, nos parece interesante entregar las formulaciones teóricas relacionadas con la psicopatología de la desinhibición, concepto que Aluja (1991) utiliza como factor etiológico integrador de la psicopatía y otros trastornos relacionados con la falta de control. Seguir leyendo……….




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maco2Mac Perez Lopez
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VPS Hosting y desarrollo web, una buena opción de ingresos para discapacitados

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¿Porque utilizar un VPS hosting?

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One Response to “Psicología de la agresividad perspectivas teóricas”

  1. Daniela Leon

    Abr 12. 2012

    no debo de ser agresiva

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